Granada, 1892. Un hombre aparece destripado sobre la mesa de su cocina. Nadie ha forzado la puerta. Nadie ha oído nada. En sus labios queda el rastro de una sustancia dulce y en su cuerpo, la marca de un arma tan discreta como letal. El capitán Borja Torres apenas ha comenzado a investigar cuando otro cadáver confirma lo imposible. El asesino está reproduciendo crímenes que ya hicieron temblar al mundo y ha elegido Granada para continuar su obra. Mientras la ciudad se prepara para celebrar el IV Centenario y abrir una gran avenida sobre sus calles más antiguas, Borja descubre que las víctimas comparten un vínculo capaz de enriquecer a alguien. Un secreto oculto bajo la promesa del progreso. Alguien observa la investigación. Alguien manipula las pistas. Alguien sabe que una almarada puede silenciar a quien se acerque demasiado a la verdad. Y Borja está cada vez más cerca.