Este libro resultó ganador del II Premio Internacional de Poesía Joven "Ángel Guinda". Según el fallo del jurado, mereció el galardón "por su pulcritud formal exenta de estridencias; por el equibrio entre la intensión y la extensión de su escritura, además de por el novedoso tratamiento dramático de la metapoesía, del meta-lenguaje, desde una perspectiva alejada del objetivismo para situarse en un subjetivismo sentido".