"Vivimos más conectados que nunca, nunca habíamos tenido tantas herramientas para mejorar nuestra vida y, sin embargo, algo no encaja. Rodeados de información constante, decisiones infinitas y estímulos inagotables, no es de extrañar que cada vez nos cueste más pensar con claridad, emocionarnos de verdad o sentirnos dueños de nuestra mente. La sobrecarga de información, la productividad constante, la soberanía de la inmediatez, la fatiga por el exceso de opciones, la superficialidad de las relaciones son efectos colaterales de nuestra dependencia tecnológica.