Este libro es metralla en el alfabeto, fuego comprimido disparado en los parques y plazas del lenguaje. Nos deja ver a un autor libre, conscientemente marginal, que enfoca con su cámara lírica la comicidad de nuestras pesadillas, la virtud kamikaze de enfrentarse desnudo y sin armas al enemigo de la contradicción. Quien se cree sabio es un gilipollas. Quien se sabe gilipollas desde el principio no es capaz de valorar lo difícil que resulta escalar hacia la cima imposible de la sabiduría. Adrián Bernal se conforma, por el momento, con estar a la altura de los tacones de Atenea, diosa de las artes y diosa también no nos olvidemos de la guerra.