María Cambrils Sendra (1878-1939) surge como una figura fundamental en la historia del pensamiento obrero español del primer tercio del siglo XX. Mujer de formación autodidacta, desafió las convenciones de la época al transgredir el modelo de feminidad doméstica, convirtiéndose en una de las voces más lúcidas de la prensa política. Su obra cumbre, Feminismo Socialista (1925), prologada simbólicamente por el reconocimiento del propio Pablo Iglesias, constituye un manifiesto de vanguardia que denunciaba la misoginia y el «monopolio masculino» en la vida intelectual. Fiel defensora del feminismo de clase, articuló una visión integral donde la emancipación femenina era inseparable de la lucha socialista. Para ella, el capitalismo imponía a la mujer una «doble esclavitud»: la económica y la de género. Su activismo no se limitó a la teoría; fue una incansable defensora de la educación igualitaria, el divorcio y el sufragio femenino, argumentando con valentía que la exclusión política de las mujeres era una injusticia que lastraba a toda la sociedad. Aunque su legado ha comenzado a ser reivindicado recientemente,