La obra narra en primera persona la caída de un funcionario menor y escritor frustrado que, casi por azar y debilidad de carácter, termina convertido en chivo expiatorio de una gran trama de corrupción. El narrador, que siempre se define como pusilánime, recuerda cómo fue manipulado por políticos, periodistas y hasta por su propia familia para cargar con culpas ajenas. En paralelo, el relato se enreda con figuras literarias y fantasmagóricas Jacinto Huerta, un escritor caótico, y el doctor Macedonio, especie de doble delirante que cruzan la frontera entre ficción, plagio y memoria. La historia oscila entre el relato carcelario, la memoria familiar marcada por un abuelo vinculado al franquismo y a tramas turbias, y un discurso metaliterario sobre qué significa escribir y sobrevivir. Todo ello bajo un tono confesional donde realidad, alucinación y escritura se confunden.