"Gloria Labay quiso ser madre. Lo intentó sola y con pareja, por la «vía divertida» y por la de la reproducción asistida, a través de la biología y mediante la adopción. No lo consiguió. Su búsqueda se prolongó durante siete años e incluyó cuatro pérdidas gestacionales y una etiqueta de «no idónea» como madre adoptiva. Todo ello, mientras ejercía su profesión de matrona, conviviendo con la maternidad ajena y sosteniendo una herida silenciosa que no encontraba espacio social para ser reconocida, lo que supuso un trabajo enorme de resiliencia personal.