Constantinopla, 1347 d. C. En una plaza de la polis, los soldados de la emperatriz Irene están quemando públicamente a un par de apestados. De repente, el diablo emerge de las llamas y la multitud que asiste a la ejecución huye despavorida; todos menos uno, convencido de que se trata, por el contrario, de un ser divino. ¿Quién es realmente esta criatura dorada a la que el fuego no devora? «Soy un hombre, como tú», dice, pero no uno cualquiera, sino un griego llamado Tereo y nacido en el siglo II. Lleva cientos de años buscando el jardín del Edén, para exigir a Dios cara a cara una respuesta sobre el extraño don que le fue otorgado: la vida eterna.Uno, el todo atraviesa tiempo y espacio, desde los días de esplendor del Imperio romano hasta la decadencia del bizantino, para narrar el viaje del inmortal Tereo en pos de la iluminación: del Ródope a la Polinesia y de vuelta a Europa, pasando por la China de Wu Zetian, el Yemen de Asma bint Shihab o la Palestina de la reina Melisenda. «Podría contarte mil historias de mis numerosas vidas. ¿Quieres oírlas? De la gente que conocí y vi morir, del mundo que recorrí y