El intento de suicidio de Andreas Ban ha fracasado y, aunque muy enfermo, aún encuentra la voluntad de llamar a la puerta de la historia para convocar a los que están encarcelados en ella. Sin piedad, disecciona la sociedad y su entorno, rechazando cualquier concesión mientras persigue los males y los secretos ocultos de nuestro tiempo.
La historia recuerda los nombres de los perpetradores, no de las víctimas, pero Ban sí recuerda, y honra a los perdedores. Viaja de Rijeka a Zagreb, de Belgrado a Tirana, de las avenidas parisinas a los castillos italianos. Los fantasmas lo acompañan allá donde va: grandes maestros de ajedrez que desaparecieron durante la Segunda Guerra Mundial; los habitantes perdidos de Letonia; criminales de guerra que encontraron trabajo en la CIA y murieron plácidamente en sus camas. La familia de Ban también lo acompaña: los que ya han fallecido y los que tienen un pie en la tumba. Como si solo le quedaran unas pocas piezas en una partida de ajedrez, Andreas Ban y Daa Drndic juegan una impresionante última partida contra la muerte.