La escritura egipcia no solo representaba el mundo: contribuía a crearlo. No se puede comprender plenamente el significado de la religión egipcia, tanto en su dimensión exotérica como esotérica, sin intentar desentrañar aquello que los egipcios llamaron heka y los griegos tradujeron como «magia». Y esa magia tenía su primera expresión en el descendimiento de la Palabra Divina el Verbo bíblico o el Logos griego al mundo sensible como manifestación del acto creador. Esas «palabras divinas» tomaban forma y adquirían carácter mágico a través de los jeroglíficos literalmente, «grabados sagrados», por lo que resulta imprescindible abordar la escritura del antiguo Egipto teniendo en cuenta la polisemia de sus significados, que abarcan desde el mero uso fonético hasta su dimensión ritual, simbólica y mágica. Ello nos obliga a reflexionar sobre las diferentes lecturas de un mismo jeroglífico, algo que ya apuntó Champollion. Esta obra abre la puerta a los significados más simbólicos y metafísicos de los jeroglíficos, en coherencia con un ideario religioso que aún hoy sigue sorprendiendo cuando se aborda poniendo